El armonógrafo, las curvas de Lissajous y las figuras de Chladni son los precursores de un instrumento actualmente básico en el análisis de ondas: el osciloscopio. Sin embargo, también pueden considerarse como precursores de uno de los grandes inventos de la humanidad: el grabador-reproductor de sonidos.
En 1857, el francés Édouard-Léon Scott de Martinville inventa el primer grabador de sonido: el fonoautógrafo, pretendiendo conseguir una figura gráfica de la voz humana. Para ello, se inspiró en el oído medio: conectó una membrana elástica (un tímpano) a un estilete de forma que la vibración del tímpano se trasladase hasta extremo suelto del estilete que descansaba sobre un cilindro recubierto de papel ahumado. Al girar el cilindro, el estilete iba dejando la huella de las sucesivas vibraciones.
El fonoautógrafo
Evidentemente el Fonoautógrafo se limitó a trazar una gráfica y nunca llegaría a grabar ningún sonido, en el sentido de poder reproducir la grabación, pero quedaban formulados unos principios teóricos que más tarde se retomarían. Posteriormente, en 1877, Edison inventaría el fonógrafo, el primer grabador-reproductor.
El sonido de otro tiempo
Sin embargo, la tecnología actual nos permite reinterpretar aquellas señales dejadas en el papel ahumado y oír algunas de aquellas grabaciones en papel realizadas años antes del invento del fonógrafo. Entre ellas destaca la que se considera la primera huella sonora reconocible -aunque francamente, con bastante imaginación- de una voz humana.


